La iglesia de Santa Creu es otra de las primeras parroquias de Palma y una de las pocas que conserva el estilo gótico catalán en la isla. Se alza en el Puig de Sant Pere, el barrio marinero por excelencia, en la esquina de las calles Santa Creu y Sant Llorenç.
Sus obras comenzaron en 1335, con piedra traída de la cantera real de Bellver, y se prolongaron durante siglos: la iglesia que vemos hoy es fruto de una reconstrucción iniciada hacia 1440 que no se cerró hasta el siglo XVIII. Sigue el modelo de nave única con capillas entre los contrafuertes.
Pero su gran tesoro está debajo: la cripta de Sant Llorenç, una pequeña joya de la arquitectura medieval situada bajo el presbiterio. De finales del siglo XIII, con bóveda de crucería sobre columnas octogonales, es más antigua que la propia iglesia, que se construyó literalmente encima.
El templo forma hoy un conjunto monumental con la cripta y una sala de arte sacro que cuenta la historia del barrio: marineros, pescadores y famosos corsarios. De aquí era el célebre Capità Antoni Barceló, una de las grandes figuras de la marina del siglo XVIII.