La iglesia de Sant Miquel se levanta en la calle del mismo nombre, una de las arterias comerciales más animadas del casco antiguo. Su origen es de los más simbólicos de la ciudad: aquí, sobre una antigua mezquita, la tradición sitúa la primera misa cristiana celebrada en Palma, el 31 de diciembre de 1229, el mismo día en que las tropas de Jaume I entraron en la ciudad.
El templo gótico actual empezó a construirse a finales del siglo XIV y se reformó a fondo en el XVII, cuando se amplió y se reorientó para abrir su portal principal a la calle Sant Miquel. El resultado es un espacio de esencia gótica con añadidos posteriores: una sola nave con capillas laterales y ábside de planta trapezoidal.
Merece la pena fijarse en el tímpano del portal, con la Virgen rodeada de ángeles músicos y figuras de san Pedro, san Pablo, el beato Ramon Llull y santa Margalida, coronado por la imagen del arcángel san Miguel venciendo al dragón. En 2018 el templo fue proclamado basílica menor.
Dentro se venera la talla de la Mare de Déu de la Salut, que según la tradición acompañó a Jaume I en su travesía hacia Mallorca para emprender la conquista. Es una iglesia muy viva, siempre llena de fieles los fines de semana.
