El Bosc de Bellver es el frondoso pinar que rodea la colina y el castillo de Bellver, a unos tres kilómetros al oeste del centro. Es el gran pulmón verde de Palma: una red de senderos entre pinos mediterráneos y eucaliptos, con claros, bancos y zonas de sombra, ideal para pasear, correr, sacar al perro o hacer un picnic.
Desde sus caminos y miradores se obtienen vistas amplias de la ciudad —con la Catedral recortada al fondo—, del puerto y de la bahía, lo que permite combinar una escapada a la naturaleza con buenas fotos sin salir de Palma.
El bosque tiene una historia movida. En tiempos de Jaume II se ordenó repoblarlo de árboles, y el rey, aficionado a la caza, mandó colocar quinientos cántaros para criar conejos. Más tarde sufrió talas abusivas, la plaga de la procesionaria y, el 14 de febrero de 1962, un huracán que arrancó miles de árboles de cuajo.
Hoy está llamado a ser la pieza central del futuro «Bosc Metropolità», un gran anillo verde que conectará Bellver con otras fincas municipales de los alrededores.