El Ayuntamiento de Palma, conocido por todos como Cort, preside la Plaça de Cort, el corazón cívico de la ciudad desde hace siglos. Su fachada barroca, levantada en el siglo XVII, es una de las imágenes más fotografiadas del centro y se alza sobre el solar de antiguas instituciones medievales de gobierno de la ciudad y el reino de Mallorca.
Lo que más llama la atención es el remate del edificio: un enorme y elaborado alero de madera tallada que vuela sobre la calle, siguiendo el modelo de la casa señorial mallorquina. La fachada se completa con una larga balconada de siete ventanales y, en lo alto, el reloj de la ciudad, conocido como En Figuera.
El alero de madera tallada que corona la fachada de Cort, con sus ménsulas, figuras y hojarasca.
En la fachada hay también un banco de piedra, el «banc del sinofós» o banco de los perezosos: la tradición popular bromeaba con quienes se sentaban allí a tomar el sol en lugar de trabajar, siempre con la excusa de «si no fos per…» (si no fuera por…).
El interior, con la sala de sesiones y la pinacoteca de hijos ilustres del reino, puede verse en ocasiones puntuales o en visitas guiadas. Delante del edificio crece la olivera de Cort, un olivo milenario convertido en símbolo de la ciudad.
Levanta la vista al gran alero de madera, lo más fotografiado de la fachada. Busca también, escondidos en la piedra, un caracol y una lagartija. Y en la plaza, no te pierdas la olivera milenaria, símbolo de Cort.
Curiosidad
Si miras con atención la fachada, encontrarás esculpidos un caracol y una lagartija. Son la firma oculta de los dos maestros que trabajaron en ella: el cantero Jaume Caragol y el escultor Francesc Dragó. Como no se les permitía firmar con su nombre, dejaron el símbolo de sus apellidos tallado en la piedra.