El convento de Santa Clara es uno de los más antiguos de Palma: lo fundaron en 1256 unas monjas clarisas llegadas desde Tarragona, apenas veintisiete años después de la conquista y con el apoyo del propio rey Jaume I. Las monjas iniciaron aquí su vida de clausura en 1260, y la comunidad sigue activa hoy, en el tranquilo barrio de Sa Calatrava.
Al ser un convento de clausura, solo pueden visitarse la iglesia y la pequeña plaza de acceso; el resto —claustro, sala capitular, huerto, celdas— queda reservado a las monjas. La iglesia actual, la tercera del convento, es de finales del siglo XVII, pero el conjunto conserva un fuerte carácter medieval y se considera uno de los mejores vestigios del arte gótico religioso de la ciudad.
Una de sus joyas históricas es el púlpito desde el que fray Juníper Serra, el misionero mallorquín fundador de las misiones de California, pronunció en 1744 las lecciones de la escuela seráfica: la única enseñanza suya desde un púlpito que se conoce.
Pero lo que más cariño despierta es el «torn», el torno de madera por el que las clarisas, sin romper la clausura, venden sus famosos dulces artesanos (y en verano, helados). El dinero sostiene el convento y sus obras.