El Museu de Mallorca ocupa un edificio que ya es, por sí solo, un motivo para entrar: el casal dels comtes d’Aiamans, conocido también como Can Desbrull y, popularmente, como «Ca la Gran Cristiana». Se levantó en el siglo XVI uniendo varias casas góticas anteriores, en pleno barrio de Sa Portella, junto a la Catedral; en su sótano se conservan incluso restos de la época islámica de la ciudad.
El museo se creó por decreto en 1961, reuniendo colecciones del antiguo Museo Provincial de Bellas Artes, fondos de la Societat Arqueològica Lul·liana, piezas del Estado y depósitos del Museo del Prado. Sus salas, ordenadas cronológicamente, permiten recorrer la historia de Mallorca a través de la arqueología, las bellas artes, la cerámica y las artes decorativas.
Entre sus piezas destacan unas delicadas tablillas de hacia 1300 procedentes del Palacio de la Almudaina, un columbario tardorromano, mosaicos paleocristianos, retablos y escultura gótica, una galería de retratos modernistas y la cerámica de la fábrica La Roqueta. El museo tiene además dos sedes fuera de Palma: la etnológica de Muro y la romana de Pollentia, en Alcúdia.
Es uno de esos museos que los propios mallorquines apenas conocen, pero que ofrece un recorrido excelente —y muy económico— por toda la historia de la isla. Está a un paso de la Catedral, así que se enlaza muy bien con la visita al casco antiguo.