La iglesia de la Mare de Déu de la Salut es el templo del barrio de El Terreno y una de las pocas construcciones que recuerdan cómo nació esta zona: como un lugar de veraneo y segundas residencias de palmesanos a mediados del siglo XIX, cuando todavía quedaba fuera de la ciudad amurallada. Los propios vecinos cedieron el solar el 28 de septiembre de 1869 y pagaron las obras, que empezaron aquel mismo mes bajo la dirección de Antoni Coll.
El primer templo era modesto: una nave de unos trece metros y medio de largo por ocho de ancho, cubierta con bóveda de cañón, que se bendijo el 12 de agosto de 1871 cuando aún no estaba terminada. En 1872 recibió la primera imagen de la Virgen de la Salud, la advocación elegida para la iglesia, y en las décadas siguientes se fue completando poco a poco. En 1883 el arquitecto Bartomeu Ferrà, figura clave del historicismo mallorquín, propuso un proyecto mucho más ambicioso con planta de cruz, cúpula central y cripta, que el obispo no autorizó.
La fisonomía actual es sobre todo la de la gran reforma de 1925 a 1927, impulsada por el vicario Llorenç Parera: se añadieron dos tramos a la nave, cuatro capillas, la fachada y el coro, y la plaza de delante se transformó en la escalinata de doble tramo que hoy le da carácter. La bendijo el obispo Gabriel Llompart el 8 de septiembre de 1927, y casi todo el presupuesto se reunió con suscripciones vecinales, tómbolas y rifas. La espadaña-campanario es anterior, de 1902, también costeada por el vecindario.
No es un monumento de primera fila, pero es una parada que da sentido a un paseo por El Terreno: está a un paso del carrer de Joan Miró y de la subida hacia La Bonanova, y desde su escalinata se entiende la trama de calles empinadas y villas del barrio. Abre para el culto, así que lo más fácil es asomarse antes o después de una misa.