Palacio Can Marqués es un palacete del siglo XVIII en el carrer dels Apuntadors, a un paso de la Lonja. Desde fuera no llama demasiado la atención, como pasa con casi todos los casales de Palma: la gracia está dentro, en el patio, que es la pieza central de la casa mallorquina señorial y aquí se conserva entero.
Es un patio de manual: columnas de fúste liso y capiteles labrados que sostienen arcos altos, la galería del piso principal asomada con barandilla de hierro, el suelo de canto rodado y, al fondo, una reja que deja ver el jardín. Lo que lo hace poco corriente son las dos escaleras simétricas que suben a los lados en vez de la única escalinata habitual.
Que el patio importa no es cosa de ahora. En 1915 el Arxiu Mas de Barcelona, el gran archivo fotográfico de la arquitectura española, vino a fotografiarlo, y aquella placa acabó en la colección de Historia del Arte de la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde sigue catalogada como «Casa Marqués de Palma de Mallorca. Patio». Es decir: hace más de un siglo que se estudia como ejemplo del casal palmesano.
Conviene saber a qué se viene. Hoy la casa es un hotel de cinco estrellas y el patio hace de vestibulo, con su barra y sus sofás: no es un monumento visitable ni tiene horario público, y entrar depende de que seas cliente o de la cortesía del establecimiento. Si te interesan los patios de Palma y quieres verlos sin depender de nadie, la Ruta dels Patis y los casales abiertos del casco antiguo son el camino; este vale la pena si ya andas por Apuntadors y te apetece asomarte.
