FOKO es una galería inmersiva en pleno centro de Palma, a un paso de La Rambla y del Teatre Principal: salas oscuras donde las proyecciones ocupan paredes y suelo y el visitante camina por dentro de la imagen. No es un museo con colección propia, sino un espacio de arte digital e instalaciones interactivas que va cambiando de propuesta, así que conviene mirar en su web qué hay montado antes de ir.
El recorrido dura aproximadamente una hora, con unos cinco minutos por instalación, y está pensado para que se toque y se juegue: esa es la diferencia con una exposición al uso y la razón por la que funciona con niños que en un museo clásico durarían diez minutos. Los menores de catorce años tienen que entrar acompañados de un adulto.
Prácticamente: está en el carrer del Baró de Pinopar, 7, abre a diario desde las diez de la mañana con cierre entre las ocho y las nueve según el día, es accesible con silla de ruedas mediante plataforma elevadora y tiene todo el espacio climatizado. Los carritos de bebé no entran en las salas, pero se pueden dejar en recepción, y el aparcamiento público de Via Roma queda a unos cincuenta metros. Las tarifas conviene consultarlas en su web, porque varían según la exposición.
Encaja sobre todo como plan de tarde o de día de lluvia, y combina bien con lo que tiene alrededor: el Mercat de l’Olivar, la plaza Weyler con el Gran Hotel y CaixaForum, y el propio paseo de La Rambla. Si eliges entre esto y CaixaForum para un solo plan de interior, CaixaForum tiene más sustancia; FOKO gana cuando viajas con niños o adolescentes.