La iglesia de Santa Magdalena pertenece a un convento de canonesas de San Agustín con orígenes medievales, aunque el templo que vemos hoy se levantó en el siglo XVIII, cuando se reconstruyó buena parte del monasterio. La comunidad sigue activa, fiel a una vida de clausura de siglos.
Lo que atrae a la mayoría de los visitantes está en su interior: el cuerpo incorrupto de santa Catalina Tomàs, «la Beata», descansa en una urna de cristal. Nacida en Valldemossa en 1531, fue monja en este convento, donde murió en 1574, y es la única santa nacida en Mallorca.
Su panteón, de estilo neoclásico, lo patrocinó a principios del siglo XIX el cardenal Despuig. Catalina Tomàs fue beatificada en 1792, y desde entonces Palma celebra cada octubre las populares fiestas de la Beata, con su famoso carro triunfal recorriendo la ciudad.
El convento mantiene además una tradición muy mallorquina: la elaboración y venta de dulces artesanos. Es una iglesia sencilla y recogida, perfecta para una visita breve y tranquila en pleno centro.
