El oratorio de Sant Nicolau de Portopí, que los palmesanos siempre han llamado Sant Nicolauet, es la huella religiosa más antigua del puerto histórico de Palma. Portopí fue el puerto de la ciudad desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna, y la capilla, dedicada a San Nicolás como patrón de los marineros, se fundó en 1246, apenas diecisiete años después de la conquista. En 1249 Jaime I la cedió a la ciudad y al Reino de Mallorca, y durante siglos toda la zona se conoció simplemente como Sant Nicolau.
La capilla original se levantaba cerca de la Torre de Paraires, junto al agua. El cronista Ramon Muntaner sitúa aquí uno de los episodios más recordados de la Palma medieval: la Nochebuena de 1285, en plena campaña de Alfonso el Liberal por la isla, los almogávares se refugiaron del frío en el porche de la ermita. Es un lugar pequeño con una historia desproporcionada para su tamaño.
Lo que se ve hoy no es el edificio medieval, y conviene saberlo para no llevarse una decepción: entre 1880 y 1890 la capilla se demolió para ampliar la cantera vecina y se construyó una nueva, y a finales del siglo XX volvió a trasladarse para dejar sitio al centro comercial Porto Pi, inaugurado en 1995. La actual es, por tanto, una reconstrucción moderna que conserva la memoria del lugar más que sus piedras. En algunos documentos aparece también como capilla de Sant Pere Claver.
Merece la pena como parada de cinco minutos en la ruta que une el Castillo de San Carlos, el Faro de Portopí y la Torre de Paraires, los tres grandes testigos del puerto viejo. Normalmente está cerrada, así que se trata de verla por fuera, leer su historia y seguir hacia el faro, que sí se visita.