La Platja de Palma es la gran playa de la ciudad: unos cuatro kilómetros y medio de arena fina que se extienden por el este de la bahía, desde Can Pastilla hasta s’Arenal, a un cuarto de hora del centro y del aeropuerto.
Es el corazón del turismo de sol y playa que transformó Mallorca a partir de los años sesenta. A lo largo de la arena se reparten los «balnearios», los quioscos numerados del 1 al 15 que sirven de punto de referencia para orientarse en la playa.
Su ambiente es de todo menos tranquilo: hoteles, chiringuitos, paseo arbolado y un carril bici la acompañan en todo su recorrido. El célebre «Balneario 6» —el «Ballermann»— es famoso en media Europa, sobre todo en Alemania, como epicentro del turismo de fiesta.
Más allá del tópico, es una playa amplia, de aguas poco profundas y arena dorada, cómoda para familias y con todos los servicios. Un contraste total con la Palma monumental, pero parte igualmente de la ciudad.