El Castillo de San Carlos vigila la entrada del puerto de Palma desde la punta de Porto Pi, al final del Paseo Marítimo. Lo mandó construir Felipe III a petición de los mercaderes, que necesitaban proteger los barcos fondeados de los continuos ataques piratas, y se levantó entre 1610 y 1612 sobre el lugar que antes ocupaba el viejo faro de Porto Pi.
Empezó llamándose Castell de Porto Pi y pronto pasó a ser San Carlos, en honor al virrey Carlos Coloma. En 1662, ya con Felipe IV, el ingeniero militar Vicenç Mut lo amplió con cuatro grandes baluartes que le dieron su característica forma estrellada. Es, de hecho, el único edificio de la isla que conserva intacto todo su recinto amurallado.
Hoy alberga el Museo Histórico Militar de San Carlos, con la colección de armas Llorente, uniformes, maquetas y piezas que recorren la historia militar de Mallorca. En el exterior, visibles desde la bahía, se conservan las baterías de cañones que se usaron durante la Guerra Civil.
San Carlos no defendía solo. Formaba parte de un sistema que cubría toda la bahía de Palma y que se fue completando durante siglos: a levante, la Torre d’en Pau sobre el Coll d’en Rabassa; a poniente, ya en término de Calvià, Es Fortí d’Illetes, cuyas baterías arrancaron de un proyecto de 1890 que se aceleró con la Guerra de Cuba. Ninguno de los dos se parece a este: el Fortí lo abandonó el ejército en 1997 y hoy es propiedad privada, así que solo puede verse desde fuera.
Más allá del museo, el castillo es un mirador excepcional sobre toda la bahía de Palma. Es una visita tranquila y poco masificada, perfecta para combinar con un paseo por Porto Pi. La entrada es gratuita.
