El Passeig del Born es la gran avenida-paseo de Palma, su salón al aire libre. Conecta la plaça de la Reina con la plaça del Rei Joan Carles I (la popular «plaça de les Tortugues») y hoy es la zona más elegante de la ciudad, con tiendas de lujo y terrazas a la sombra de los plátanos.
Cuesta imaginarlo, pero por aquí no pasaba un paseo, sino un río: el torrent de Sa Riera, que partía la ciudad en dos. Tras siglos de inundaciones —la más trágica, la riada de 1403, que se llevó miles de vidas—, en 1613 se desvió el cauce fuera de las murallas y se rellenó el viejo lecho, naciendo así esta gran explanada.
El nombre «Born» recuerda su uso medieval: aquí se celebraban justas y torneos de caballeros (un «born» era el extremo de la lanza). El aspecto actual, simétrico y ceremonial, es de la reforma de 1833, cuando se colocaron las esfinges —que los palmesanos llaman «ses lleones»— junto al obelisco y, más tarde, los leones de bronce del paseo central.
Lo preside el barroco Casal Solleric, hoy sala de exposiciones. Es el sitio perfecto para sentarse, ver pasar la ciudad y empezar o terminar un paseo por el centro.