La Torre de Paraires, llamada también Torre d’en Carròs, se levanta en la bocana del antiguo puerto de Portopí, junto al Paseo Marítimo. Es una torre de planta cuadrada y buena altura, construida en sillares de marés, con aspilleras en todos sus pisos y una cornisa con matacanes; a sus pies quedan restos de una batería posterior. Hay quien le atribuye cimientos de época romana, aunque el edificio que se ve hoy es medieval.
Portopí fue el puerto de Palma durante toda la Edad Media, y esta torre era una de las dos piezas que lo cerraban. Ya en el siglo XIII, de noche se tendía una cadena entre la Torre de Paraires y la Torre de Senyals, en la orilla de enfrente, para impedir la entrada de barcos y protegerse de las incursiones de piratas. Es el gesto que mejor explica cómo funcionaba un puerto medieval: no se cerraba con puertas, se cerraba con una cadena tendida sobre el agua.
En 1475 la torre cambió de oficio. El Gran i General Consell adoptó medidas de cuarentena para frenar la peste y la torre pasó a usarse para ventilar los tejidos que llegaban por mar y podían propagar el contagio. De ahí viene su nombre: los paraires eran el gremio que trabajaba el paño. La torre dejó de defender el puerto para vigilar su salud. Fue declarada monumento nacional en 1876.
Hoy se contempla desde fuera, restaurada y rodeada por la obra del nuevo Paseo Marítimo, que prevé ajardinar su entorno e iluminarla. No consta que se pueda visitar por dentro. Aun así merece la parada: está a un paso del Faro de Portopí, del oratorio de Sant Nicolauet y del Castillo de San Carlos, de modo que en un rato corto se ve entero lo que queda del puerto viejo de Palma.