Can Corbella ocupa una esquina privilegiada justo en la plaça de Cort, frente al Ayuntamiento y su famoso olivo milenario. Es uno de los edificios más originales del centro: una fachada de aire oriental que rompe con todo lo que tiene alrededor.
Lo construyó a finales del siglo XIX el arquitecto Nicolau Lliteras en estilo neomudéjar, esa corriente historicista que reinterpreta la arquitectura andalusí y que aquí actúa como antesala del modernismo que vendría poco después.
Destacan las vidrieras de colores de la planta baja enmarcadas por arcos de herradura, las ventanas alargadas, las columnillas de madera superpuestas a la fachada y, sobre todo, la torrecilla octogonal que corona el edificio.
Es una parada perfecta para arrancar (o cerrar) la ruta modernista, ya que está en pleno corazón institucional de la ciudad. Se contempla desde la calle.