Can Vivot, en la estrecha calle de Can Savellà, esconde uno de los patios más bellos de Palma. Es un casal señorial conservado por la misma familia durante generaciones, con un patio de arcos sobre los que se levanta la planta noble y una escalera monumental que sube hacia la luz de la sala de música.
Su gran atractivo, además del arquitectónico, es histórico. En 1711, en plena Guerra de Sucesión, el marqués de Vivot, partidario de los Borbones frente a los Austria, conspiró en esta casa con otros fieles a Felipe de Anjou para intentar cambiar el rumbo de la monarquía.
La jugada salió mal: el marqués fue condenado a muerte y, según se cuenta, se salvó casi en el último instante. Aquella conspiración palaciega convierte a Can Vivot en un patio con intriga, no solo en una postal bonita.
Al ser una casa habitada, no siempre está abierta: a menudo se puede asomar la vista al zaguán desde la calle, y de forma puntual se organizan visitas guiadas o actos especiales. Forma parte imprescindible de cualquier ruta por los patios.