De todos los patios del casco antiguo, el de La Criança es el que tiene el origen más raro: no es la casa de una familia noble, sino una escuela de niñas. La fundó en 1510 el canónigo Gregori Genovard en el carrer de Monti-sion, y su primera rectora fue sor Isabel Cifre (1467-1542), que la dirigió hasta su muerte. En 1521 ya pasaban de cien las alumnas.
El patio es porticado, con tres arcos de medio punto a cada lado —norte y sur— apoyados sobre pilares octogonales de moldura rectilínea; el techo del soportal descansa sobre ménsulas que sostienen las jácenas. En el lado norte se conservan restos de arcos de ajimez con motivos florales en los capiteles y un arco de medio punto ciego. A la izquierda arranca la escalera bajo un arco rebajado, junto a la boca de una antigua cisterna, y en el centro hay una pila poligonal con plantas.
Nació como internado para hijas de la nobleza y pronto se abrió a todas las clases sociales. Tras la muerte de sor Isabel quedó bajo la protección de la Universitat de la Ciutat y, desde 1715, del Ajuntament de Palma. En 1938 la dirección pasó a las Misioneras de los Sagrados Corazones, que entre 1955 y 1969 tuvieron aquí su casa general y que compraron la propiedad en 1980.
La capilla, de planta rectangular y bóveda de cañón ligeramente rebajada, guarda un retablo barroco y una réplica del sepulcro yacente de sor Isabel Cifre. No hay horario ni tarifa publicados: como el resto de la calle, se mira desde el portal. Está a media calle de la iglesia de Monti-sion y a dos minutos del carrer de Can Savellà, donde se concentran tres patios más.