En el carrer del Sol, una calle estrecha por la que casi nadie pasa, está la fachada renacentista más notable de Palma. Es Can Catlar, conocida también como Cal Marquès del Palmer: tres plantas con un portal de arco asimétrico, el escudo de los Descatlar entre querubines y, sobre todo, dos ventanas fechadas en 1556 con la cruz de piedra que divide cada hueco en cuatro.
Esas ventanas son la pieza mayor. Cada una lleva medallones labrados que representan virtudes —la fortaleza, la prudencia— y las jambas están pobladas de figuras antropomorfas. Es escultura civil del pleno Renacimiento, en una ciudad donde casi todo lo de esa época se concentra en iglesias, y por eso vale la pena buscar la calle aunque quede algo fuera del recorrido habitual.
La casa se levantó a mediados del siglo XVI para Per Abrí-Descatlar i Valentí, sobre una construcción gótica anterior que había pertenecido a los Lloscos, barones de Bunyolí desde 1429. Dentro, el patio es de planta irregular, con arcos rebajados, artesonado de madera en el zaguán y dos portales renacentistas; la escalera es un añadido rococó del siglo XVIII. La familia obtuvo el título de marqués del Palmer a principios del XVIII, confirmado por los Borbones en 1817.
Sigue siendo propiedad privada y no se visita: esta es una parada de fachada, de las de levantar la cabeza y mirar despacio. La mejor luz es la de la mañana, cuando el sol entra por el carrer del Sol y saca el relieve de los medallones.