La Plaça d’Espanya es el gran nudo de comunicaciones de Palma: aquí está la Estació Intermodal, que reúne autobuses urbanos e interurbanos, el metro y los trenes hacia Inca, sa Pobla y Manacor, y al lado arranca el histórico tren de Sóller. Para muchos mallorquines, es el punto de encuentro de la ciudad.
La plaza ocupa el lugar de la antigua muralla, en el límite del casco antiguo. Justo aquí se abría la Porta de Santa Margalida —la «Porta Pintada»—, la puerta por la que entraron las tropas de Jaume I para conquistar la ciudad el 31 de diciembre de 1229. Las murallas se derribaron a principios del siglo XX y la explanada resultante permitió la expansión de Palma.
En el centro preside la estatua ecuestre de Jaume I el Conquistador, obra de Enric Clarasó inaugurada en 1927. Cerca se conserva también «es baròmetre», una curiosa estación meteorológica de 1910 del arquitecto Gaspar Bennàssar.
Más que un lugar para detenerse a contemplar, es la puerta de entrada a la ciudad: desde aquí se sube por la calle Sant Miquel hacia el casco antiguo o se toma el tren de Sóller, una de las excursiones clásicas de la isla.