En el extremo oriental del casco antiguo, donde el barrio de la Calatrava se confunde con el antiguo Call Major —el barrio judío medieval—, existe una plaza que parece sacada de Venecia. La Plaça de Sant Jeroni tiene una fuente central, ropa tendida a los balcones de las casas circundantes y una iglesia de fachada neogótica que preside el conjunto con una elegancia austera. Pocos turistas llegan hasta aquí, y eso es precisamente lo que la hace especial.
El conjunto monástico de Sant Jeroni tiene su origen en 1336, cuando una comunidad de religiosas franciscanas se estableció en una casa donada en este lugar. En 1485, las monjas jerónimas tomaron el relevo y dieron al convento el nombre popular con el que se le conoce. La iglesia actual fue construida entre 1651 y finales del siglo XVII, y su fachada neogótica es una intervención de finales del siglo XIX. El interior conserva pinturas góticas del siglo XV, retablos barrocos y la imagen de Nuestra Señora de la Consolación, obra de Gabriel Mòger (1507).
En 2015, las últimas seis monjas jerónimas que habitaban el convento fueron trasladadas al monasterio de Inca debido a su avanzada edad, cerrando más de cinco siglos de vida religiosa continua en el edificio. Desde entonces, el conjunto —declarado Bien de Interés Cultural— se encuentra en una situación de gestión incierta entre las monjas propietarias, la Federación Jerónima y el Obispado, que han mantenido un litigio judicial. El acceso al interior de la iglesia no está garantizado de manera regular.
El valor de una visita aquí no depende de poder entrar: la plaza en sí, los edificios medievales que la rodean y el silencio que reina en ella constituyen una experiencia genuina del Palma menos visible. Es una parada perfecta en cualquier ruta por el casco antiguo alternativo, y conecta bien con el Call Mayor, el Palacio Episcopal y la bajada hacia La Llotja.
